París

Acuarela de un paisaje de costa con casas de colores naranjas

No se imaginaba ella lo que le iba a cambiar el salir de casa, un año entero, en un país extranjero, otro idioma. Su primera independencia. Mil veces recordó y aún recuerda cuando dijo que jamás se iría de Erasmus, que París no estaba en su top 3 de ciudades pendientes, que prefería el inglés a tener que poner morritos para hablar francés. Mil veces.

Pero se fue de Erasmus. A París. Y habló francés como si nada.

Y allí se conoció un poquito más. Aprendió a no necesitar compañía para hacer planes. Perdió la vergüenza a tomar un café sola. A pasear sin rumbo.

Se aprendió el plano de la ciudad mejor que los autóctonos. Y conoció la ciudad mejor que la suya propia.

Y sólo recuerda lo bueno. Quizás con alguna anécdota negativa, como cuando le robaron el bolso, cuando casi pierde el avión, cuando se quedó encerrada en su habitación de la residencia, o cuando aquel profesor se lo puso aún más difícil por ser guiri. Pero no, ella sólo recuerda buenos momentos de sus 9 meses en París.

 

 

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